Mayor vs menor: una sola nota de diferencia
Mayor y menor son las dos primeras palabras que cualquiera encuentra en música, y casi siempre se explican como alegre y triste. Esa explicación te pone en marcha y luego te estorba, porque hace que la diferencia suene a estado de ánimo en lugar de a medida. Es una medida. Es una sola nota, movida la distancia más pequeña que existe.
La diferencia está en la tercera
Un acorde básico son tres notas: una fundamental, que da nombre al acorde, una nota por encima llamada tercera, y otra por encima de esa llamada quinta.
Si pasas de un acorde mayor a un acorde menor construidos sobre la misma fundamental, la fundamental no cambia. La quinta no cambia. Solo se mueve la tercera, y se mueve un semitono: el paso más pequeño de la música occidental, la distancia de una tecla del teclado a la inmediatamente siguiente, sea negra o blanca. Un semitono hacia abajo y un acorde mayor se vuelve menor. Un semitono hacia arriba y vuelve a ser mayor.
Esa es toda la historia estructural, y vale la pena detenerse en lo pequeña que es. De las tres notas, dos son idénticas. La que difiere, difiere en la mínima cantidad posible. Todo eso que la gente describe como el enorme abismo emocional entre estos dos acordes lo carga ese único paso.
Por qué tan poco cambia tanto
Dos respuestas, y funcionan juntas.
La física: la tercera es la nota que decide el color del acorde, y el oído es especialmente sensible a ella. La fundamental te dice de qué acorde se trata, la quinta aporta peso y estabilidad sin aportar carácter, y a la tercera le toca todo el trabajo descriptivo. Cuando cambia la única nota expresiva de un acorde, el acorde cambia por completo, aunque solo se haya movido un tercio de él.
La aprendida: has oído estos dos acordes, en estos papeles, varias veces al día durante toda tu vida. La música occidental se ha apoyado en ese contraste durante siglos, así que la distinción está muy practicada mucho antes de que nadie te la nombre. Parte de lo que parece un hecho sobre el sonido es en realidad un hecho sobre toda una vida de escucha.
Las etiquetas emocionales son una convención, no una ley
Alegre y triste son un buen primer asidero y una mala descripción a largo plazo. Dos cosas lo delatan.
Los contraejemplos están por todas partes y no son rarezas. Una cantidad enorme de música de baile está en menor y no tiene nada de triste: buena parte de la música de club y electrónica, mucho repertorio balcánico, klezmer y flamenco, y una lista larguísima de canciones escritas para hacer mover a la gente. Al mismo tiempo, algunas de las canciones más desoladas jamás grabadas están en mayor de principio a fin, y la desolación está en la letra, en el tempo y en la voz. El tempo, el ritmo, el registro, el instrumento, el volumen y la letra hacen al menos tanto trabajo emocional como la cualidad del acorde, y cualquiera de ellos puede imponerse por completo.
Y la asociación no es universal. Es una convención occidental que tomó su forma actual en los últimos siglos, y es al menos en parte aprendida: los oyentes criados fuera de esa tradición tienden a mostrar el efecto de forma mucho más débil, cuando lo muestran. Antes de que la convención se asentara, la música europea funcionaba con un conjunto más amplio de modos sin ningún eje alegre-triste que los atravesara.
Un par de palabras mejor es brillante y oscuro, o abierto y recogido. Describen el sonido en vez de recetar una emoción, sobreviven a los contraejemplos y dejan sitio para lo que los compositores hacen de verdad con estos acordes: no anunciar un estado de ánimo, sino cambiar la luz sobre algo y dejar que lo notes.
Las mismas palabras valen para escalas y tonalidades
Mayor y menor también describen escalas, y a través de las escalas describen tonalidades. La lógica es la misma: la escala contiene la tercera con la que se construye el acorde, así que una escala mayor contiene una tercera mayor sobre su nota base y una escala menor contiene una tercera menor. Una canción en tonalidad menor es aquella cuya nota base lleva la versión menor y cuyos acordes salen en su mayoría de esa escala.
Por eso estas dos palabras parecen estar en todas partes y significar algo ligeramente distinto cada vez. No es así. Siempre es la misma medida, aplicada a un acorde, a una escala o a una obra entera.
Ahora ve a construirlos
Leer sobre una diferencia de un semitono no es lo mismo que oírla o haber construido uno. Las dos lecciones que acompañan a este artículo hacen ese trabajo: una construye la tríada mayor desde cualquier nota de partida y explica por qué se percibe brillante y asentada, la otra reduce la tercera un semitono y muestra qué ocurre. Hazlas seguidas y construye ambos acordes sobre la misma fundamental antes de tocarlos: es al ponerlos lado a lado cuando la diferencia deja de ser una descripción y se vuelve evidente.